BIHARAMUNEKO AJEAK. Osasuna-Athletic. Ibai Berrade.


Sonó el pitido inicial y los dos equipos, imbuídos de la misma idea, comenzaron el partido imprimiéndole un ritmo vertiginoso. Los dos parecían querer llegar al gol cuanto antes, queriendo quizás, subrepticiamente, cobrarse el plus motivacional que adelantarse pronto en el marcador aporta en los partidos de fuerte presión ambiental.

            Así el contexto, preponderó en ambas escuadras el tiempo de llegada que el camino a elegir, y los dos bólidos, tanto el rojiblanco como el rojillo, acabaron perdiéndose en el trayecto sin poder llegar a la meta. Suele ser más fiable, aunque nos demoremos algo en el tiempo, elegir carreteras o autopistas bien asfaltadas  y con buena visibilidad que carreteras secundarias en mal estado aunque en línea recta. El resultado del estilo de juego elegido fueron un sinfín de imprecisiones y un montón de balones largos a la cabeza de Llorente que, o no encontraron destinatario, o muy poco podía hacer con ellos. Dicho de otra manera, mucho bache y salida de calzada.

            Supuse que una vez que los pulmones comenzaran a flaquear las mentes se erigirían sobre los impulsos, pero lamentablemente no fue así. Exceptuando el ritmo, que decreció porque el motor no puede aguantar la exigencia de una quinta marcha permanente, todo siguió igual. La consecuencia fue un primer tiempo anodino de balones aéreos más propicio para la degustación variada de pinchos y tipos de cebada que para el disfrute del fútbol.

            Quizás mi bolsillo no opine como yo, pero doy gracias al establecimiento donde vi el encuentro por proporcionarme esta alegre alternativa al sopor anestesiante que irradiaba el encuentro.

            Y casi sin darme cuenta empezó el segundo tiempo. El color rojo envolvió el aura del Reyno de Navarra desde el principio, tanto por el tanto conseguido por Kike Sola como por la tarjeta vista por Castillo a escasos 10 minutos de la reanudación.

            La victoria, dada la inoperancia ofensiva mostrada por el Athletic hasta entonces, se ponía cuesta arriba. El partido seguía adelante entre la falta de recursos de los muchachos de Caparros ( me gustaría saber si esa falta de recursos es o no fruto de las consignas dadas por el entrenador, pues considero que en la plantilla del Athletic hay jugadores con variedad de características, ergo, base para poder aplicar estilos de juego distintos)  cuando desde uno de los pocos centros laterales llegó el cabezazo de Llorente que igualaba el marcador ( ¿le dará esto qué pensar al míster?).

            Minutos después Sergio se sumaba a la fiesta roja, que ya a estas alturas no rojilla, a la que sólo faltaron la Pasionaria, Pablo Iglesias, Lenin y Trotsky. Esa tarjeta  igualaba el número de contendientes en ambos bandos. El partido agonizaba y sólo cabía esperar la resolución positiva de una jugada aislada…y curiosamente llegó.

            Con el tiempo ya cumplido, Ricardo y Nelson se confundieron de evento y sacaron del armario los disfraces de Groucho y Harpo Marx. Incomprensiblemente  chocaron entre ellos y dejaron vía libre a Muniain, que con un certero lanzamiento desde fuera del área puso el segundo tanto en el marcado rojiblanco.

            Extraña jugada que amén de los tres puntos le costará también a Izco un dineral en forma de derechos de imagen, pues sin duda la productora de las películas de estos inolvidables cómicos los reclamará.

            Sólo me queda añadir, para finalizar esta crónica de espectador aburrido, las conclusiones que de este partido extraje. La primera se la tomaré prestrada al extinto Brian Clough: ” si dios quisiera que al fútbol se jugara por el aire habría puesto cesped en el cielo”.  La segunda, que el partido de ayer fue útil, muy útil, para probar empíricamenta la teoría de la relatividad de Einstein, al menos, en cuanto al “factor tiempo” se refiere ( 90 minutos pueden hacerse muuyyy largos). La última, agradecer sinceramente al Athletic el partido de ayer, ya que, gracias a la inercia derivada de éste, he conseguido, espero que para siempre, curar un insomnio insoportable que amenazaba con volverse crónico.

            Eskerrik asko.

IBAI BERRADE. Profesor.

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