EL JUEVES. ¡Asamblea a la vista! Mikel Aguilar.


Mientras en Bilbao andamos a vueltas con la caja registradora y en Barcelona el mismísimo Guardiola tiene que salir a defender a ocho familias, que entiendo yo, que si no han hecho nada irregular, nada tienen que temer, en Madrid, Florentino justificaba, vociferando, que el dedo de Tito Vilanova no era de Mourinho, sino de The Observer.

Es curioso que los tres clubes tengan en común que no son sociedades anónimas y eso permite que las decisiones se voten en Asamblea de compromisarios. Las asambleas, como Ramón Calderón ya sabía, tienen la ventaja e inconveniente, que como todas las masas, solo necesitan agitadores. No es tan necesario, saber el porqué, sino saber de qué lado está uno. Aunque esos lados sean de un cuadrado y vayas donde vayas siempre te encuentras lo mismo.

Las asambleas toman serias decisiones, generalmente no tan basadas en la información como en la sensación, y cuando los mayores  generadores de sensaciones son medios de comunicación, lo mejor antes de votar, es hablar con uno mismo.

En Bilbao, tenemos una a la vista; el socio compromisario, de todo tipo y condición: veterano, joven, culto, inculto, desagradable o simpática, tendrá la obligación de votar en representación suya y de los que le cedieron consciente o inconscientemente su firma, en San Mamés o en la calle Pozas después de un partido.


La mayoría de los socios compromisarios son incapaces de interpretar toda la información que les llega, por cantidad y desconocimiento. Si los economistas no se ponen de acuerdo, como para hacerlo los que sufrimos sus consecuencias. Por lo tanto, si no puedo interpretar necesito que me lo interprete alguien de confianza. Y aquí llegan las discusiones, con palabras de otras bocas. Cuando habla una boca distinta de la mía, tengo la costumbre de dejar de pensar, haciendo imposible cualquier tipo de acercamiento.

Lo mejor de la Asamblea son, como en otros asuntos de la vida, los previos. Los equipos de gobierno saben que necesitan a los medios de comunicación para que sean sus portavoces, y los compromisarios necesitan nuevas ideas que defender. El problema es que en la cadena de comunicación hay elementos distorsionantes, que provocarán salidas de tono agudas, que calentarán mas el debate que los propios iniciadores del fuego.

En la propia asamblea solo espero a unos diciendo una cosa y otros exactamente lo contrario, y es en ese momento cuando sobran los argumentos, y lo mejor es pasar cuanto antes a las votaciones, que nos permitirán observar los juegos de mayorías, que estos sí que son interesantes, porque la política y también el futbol provocan extraños compañeros de cama.  Hay mucho en juego, menos de tres puntos, pero más de 10 millones de euros.

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