BALOI BATEN ATZETIK. La extraordinaria complejidad de lo sencillo. Mikel Aguilar


Asistimos imperturbables a dos acontecimientos paralelos que dictan la actualidad y son dignos de análisis.
El primero, el que nos ocupa, es la sede de la final de Copa. Un asunto que no debería generar discusión: Madrid ofrece el mejor estadio, la mejor red de comunicaciones de transporte público, la mejor oferta hotelera y mayor capacidad para el desplazamiento de masas. No debería haber discusión en que el escenario fuera el Bernabeu. Si bien, Real Madrid y Barcelona trascienden el juego de dos equipos de futbol y lo sitúan en otro plano, cuasi bélico.

Es curioso como en un estado de emergencia económica la ciudad de Madrid se permite el lujo de dejar escapar un impacto económico de diez millones de euros para que el equipo rival no de dos vueltas sobre un pequeño terreno de la ciudad. Pero es que, además, seguramente, un taxista, un hostelero o un simple trabajador gritaron en el Bernabeu que la final no se juega aquí. Ya lo dijo Maquiavelo:  las masas influenciadas por un líder identificarán a un enemigo común, perverso, y a través del miedo y la violencia, se comportarán no como individuos independientes, sino como un solo ser siguiendo el dictado del líder. (La fuerza es justa cuando es necesaria) (En general, los hombres juzgan más por los ojos que por la inteligencia, pues todos pueden ver, pero pocos comprenden lo que ven).

Llegado este punto, y ante el otro gran acontecimiento de la reforma laboral, no cabe sino sorprenderse de hasta dónde puede llegar el ser humano. El miedo sigue funcionando como poder, y el pueblo atemorizado permite cualquier decisión con tal de que, ese miedo, real o imaginario, no le alcance. (Yo no digo nunca lo que creo, ni creo nunca lo que digo, y si se me escapa alguna verdad de vez en cuando, la escondo entre tantas mentiras, que es difícil reconocerla)(Los hombres son tan simples y unidos a la necesidad, que siempre el que quiera engañar encontrará a quien le permita ser engañado)
Mientras tanto, Guti, Mourinho, Arbeloa y otros que no van a tener problemas de crisis, ni les alcanzará la reforma laboral, se relamen de gusto con la batalla de la final de copa del Barcelona, una ganada, una que no librarán ellos sino los soldados, esos socios que les pagan los salarios de buen grado.
Cabe pensar que el orgullo está en juego, los silbidos al Rey,… pero no, lo que está en juego es futbol, un deporte, jugado entre deportistas, y aficiones que deberían disfrutar del mismo, y no identificarse unos colores que no pueden ir más allá de las personas que lo representan.
Por otro lado, ¿saben de donde era Maquiavelo?  Florentino.

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