BALOI BATEN ATZETIK. Schalke 04-Athletic. Eñaut Barandiaran


 

Agorero/a:

 

Adj, s. Que predice o anuncia con poco fundamento males o desdichas.

Los agoreros no se sumaron ayer al día de huelga, estando como estaban, según sus cálculos, ante su día grande, el momento en el que, por fin, iba a hacerse realidad una de sus mil profecías auto-cumplidas: Primero fue la debacle que le sobrevendría al club cual plaga bíblica si se apostaba por un tipo sin experiencia en la gestión como Urrutia y un charlatán de feria, argentino para más inri, como Bielsa en el banquillo, en lugar de elegir al experimentado Macua en los despachos y el pragmatismo resultadista de Caparros en la dirección de campo.

Una vez perdido ese envite se lanzaron al siguiente órdago, que consistía en ridiculizar la apuesta futbolística de Bielsa, haciéndole parecer una especie de lunático con complejo de Guardiola que quería convertir al Athletic en una versión de los chinos del Barcelona, sin tener mimbres ni conocimientos para hacerlo. Los primeros partidos les dieron una poco de cancha, pudieron sacar pecho, con la camisa desabrochada y la pelambrera asomando por los cuellos, mientras regurgitaban que lo que pretendía el equipo rojiblanco era anti natura, y reducían la formula de la Coca Cola a tener dos cojones y  tratar de aprovechar las estrategias. Cuando ese castillo también se les vino abajo y el equipo empezó a convencer hasta a los más ateos, con la eliminatoria contra el United como máximo exponente, tuvieron que callarse, pero sin rendirse a la evidencia,  y fueron rumiando la bilis lo mejor que pudieron, endulzando el mal trago con los más diversos caldos. La reciente mala racha ligera, sin embargo, les había dado la oportunidad de resucitar y agitar con más fuerza uno de sus viejos fantasmas: el  inminente (desde hace dos meses) hundimiento físico del equipo. Tras cuatro partidos sin ganar, con tres derrotas y un empate, anoche era el día que los pájaros de mal agüero tenían marcado en el calendario, la noche en la que nos daríamos  la hostia padre, y así bajar a la tierra a esos pobres ilusos, que como yo y otros muchos, hemos creído en este gure estiloa . Y no les iba mal la noche, con un Athletic superado durante toda la primera parte y parte de la segunda, sobre todo tras el 2-1 de Raúl, que amenazaba con una terremoto de escala 5 por lo menos. Pero fue en esas cuando,  previéndose que el Athletic se hundiría físicamente, porque los jugadores están muertos, el entrenador es un loco y los está explotando como si estuvieron  en un campo de algodón, en diez minutos se vinieron arriba, se desbocaron como si no hubiera partido de vuelto, y de un 2-1 que no era mal resultado se paso a un 2-4 que ni los mas optimistas hubieran soñado. La pregunta es: ¿Que más tiene que hacer este equipo para ganarse la credibilidad de algunos? La respuesta es clara: Nada. Porque nunca tendrán suficiente. A los demás, mientras, nos queda seguir disfrutando de un equipo, que, si le dejan, puede marcar época en nuestro club.

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