BALOI BATEN ATZETIK. Susaeta, o la leyenda del pura sangre al que obligábamos a ir a trote. Eñaut Barandiaran


Markel Susaeta debuto en la temporada 2007/2008 en el Camp Nou,  y no de cualquier manera, ya que, a pesar de la derrota del equipo, cuajo un excelente partido rubricado con el gol, al aprovechar un rechace del entonces no tan todopoderoso Víctor Valdés.  Una semana después, ante el Zaragoza, limpio las telarañas de la escuadra de la portería sur de San Mames con un lanzamiento de falta espectacular.

La carta de presentación del jugador eibartarra no pudo ser mejor. Aunque en su momento nadie podía intuirlo, aquel debut fulgurante, que no tuvo continuidad en el tiempo, a pesar de que su primera temporada con los leones puede calificarse de notable, sirve de botón de muestra perfecto para definir lo que ha sido Markel a ojos del aficionado medio: el típico jugador que pasa del estado sólido al gaseoso con increíble facilidad, espectacular a primera vista, pero efímero, de poco recorrido, de los que empieza la jugada siendo Messi y la termina pareciendo Roberto Ríos,  con cierta tendencia a elegir siempre el bando perdedor,  y una mentalidad de visionario poco entendida que le llevaba a ver un pase donde había un regate, o viceversa, o lo que es peor, todo a la vez. Esta ha sido, quizá, de todas las pegas que se le han puesto, la más común: la de ser un jugador atropellado, que quería hacerlo todo demasiado rápido y a la vez, es decir, hablando en términos coloquiales, un cabra-loca.  

Y la verdad es que en las dos últimas temporadas de Caparros, a pesar de realizar unos buenos números,  había conseguido concitar un consenso amplio en torno a su figura, y es la de ser un jugador prohibido por los médicos de cabecera, por su tendencia a subirle la tensión a la gente hasta baremos preocupantes. Pero en esas llego Marcelo Bielsa a Bilbao, y nos demostró que estábamos profundamente equivocados: el problema no radicaba en que Markel tuviera un exceso de revoluciones, ni en que condujera por el sentido equivocado de la calzada. Esta vez, y sin que sirva de precedente, eran todos los demás coches los que circulaban en sentido contrario, y a velocidad anormalmente reducida.  Así que Bielsa puso a trabajar al equipo, y a medida que los partidos fueron pasando empezamos a observar, entre la incredulidad y la fascinación, como los pases de tacón que en el pasado solo encontraban eco los recibía un compañero,  como sus filigranas se convertían en recursos técnicos que daban saldo positivo en la cuenta de resultados, sin olvidarnos de las infinitas galopadas que han terminado en asistencias de gol,  o en su notable mejora en la definición, y, lo mas excepcional de todo, atendiendo a los precedentes, como su rendimiento, partido a partido (los ha jugado casi todos) lejos de resentirse, crece día a día. Bielsa, y el propio jugador, por supuesto, nos han demostrado que teníamos  un pura sangre al que obligábamos a ir a trote, traicionando así su propia naturaleza. Ahora le han liberado,  y es imparable. 

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