Pensábamos que sería un Oasis y fue un vergel. Eñaut Barandiaran


Si por algo se recordara la primera temporada de Marcelo Bielsa en el Athletic, será sin duda por su brillante paso por la Europa League, donde consiguió elevar el nivel de juego del equipo a cotas desconocidas para la mayoría de los aficionados jóvenes (y me atrevería a decir que mayores también), además de clavar algunas picas importante en lugares de gran prestigio internacional, con Old Trafford como máximo exponente. Por eso, en medio de esta temporada tan sumamente convulsa, era agradable imaginar un pequeño oasis europeo, aunque el domingo, al volver a la realidad de la liga, nos diéramos cuenta de que todo había sido un espejismo producto de nuestra imaginación. Pero, por el momento, ni en la Europa League hemos entrado con buen pie,  y el debut  se saldo con un empate que sólo se explica recurriendo a alguno de los tópicos de cabecera, tales como el fútbol es asinnn, cuando la pelotita no quiere entrar no entra, estas un mes chutando a portería y no la metes…

Quizá todo eso sea cierto, y cuesta imaginar un partido donde el rival, haciendo menos, se lleve mayor botín, pero en este  punto convendría no olvidar la particular idiosincrasia del pueblo judío, que de un desierto baldío te saca un vergel. Aunque, en la noche de ayer, tengo la sensación de que el empate tuvo más que ver con la casualidad que con la causalidad, ya que el Athletic, y en especial Llorente, las tuvieron de todos los colores. En el capítulo de los meritos israelís solo cabe destacar un portero inspirado. Lo demás se resume en voluntad y pérdidas de tiempo. De hecho, si el estado de Israel fuera tan sólo la mitad de inofensivo que su campeón de liga, me da que su presencia no generaría semejantes muestras de rechazo allá por donde va. Pero dejemos el tema, no hay que mezclar deporte con política.  A pesar de que es la voluntad estrictamente política de algunos la que ha decidido que los equipos de dicho país participen en competiciones europeas, cuando en el pasado se ha prohibido la participación a regímenes igual de reprobables, algo menos sanguinarios seguramente, pero de otro signo político, principalmente.

¿Y Llorente qué, y Llorente qué? se preguntaban sus amigos de HNT. Pues el 9 del Athletic dispuso  de hasta siete ocasiones claras  para empezar a reconciliarse con los que le silban, que son ruidosa minoría, dicho sea de paso, pero si por algo se caracteriza cualquier culebrón que se precie es por ser largo, pesado y sobre todo eterno, y este tiene pinta de que pronto empezaran a pasarlo por el canal Nova todas las tardes, entre la Despechada y la Abandonda.  Fernando tuvo el partido en sus botas, y sobre todo en su cabeza, y a lo mejor su desacierto con la testa sea una bonita metáfora de cómo debe estar el de Rincón de Soto: intentando centrarse de nuevo en lo que debe ser su principal tarea: marcar goles. Los que faltaron ayer.

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