Sombras. Eñaut Barandiaran


El otro día me recomendaba un amigo que dejara de escribir gilipolleces sobre limbos y conceptos metafóricos, y me centrara en exponer la cruda realidad del Athletic tal y como es, siempre según su criterio: el Athletic debe cesar a Bielsa o acabara sufriendo para mantener la categoría. Cualquiera que haya leído siquiera una vez el blog sabe que aquí siempre hemos apoyado la revolución de Marcelo, y lo seguimos haciendo, lo que no es óbice para que hayamos sido críticos cuando hemos entendido que debíamos serlo. Si alguno esta preguntándose a qué viene esta entradilla la respuesta es muy sencilla: cada vez hay más gente de acuerdo con mi amigo, gente que da a Bielsa por amortizado. A día de hoy puede que no sea una opinión mayoritaria, pero si el Athletic no consigue corregir su rumbo ya, y partidos como el de ayer no invitan al optimismo, se acabara imponiendo la idea del rescate entre la afición, y cuando eso sucede, la troika acaba apareciendo sí o también.

Sin ir tan lejos ni aventurarme en el ámbito de la futurología, sí que empiezo a tener relativamente claro que el Athletic no está ahora mismo  para distracciones, aunque resulten tan atractivas como puede ser la Europa League. Vamos, que por mí, cuanto antes le eliminen y se puedan centrar en la liga, mejor. El equipo aguantó los asaltos de Mestalla y Lyon con entereza, demostrando que ya no tiene la mandíbula de cristal,  pero ayer perdió el tercero por KO, de forma estrepitosa, no tanto por el resultado, sino por las sensaciones.

En este sentido, resultó paradigmático el silencio que se apoderó de San Mames a partir del minuto 5. El equipo transmitía impotencia, y esta se traslado a la grada, que no sabía muy bien si reír o llorar. La duda se despejó con el primer gol del Getafe, que se impuso, como a lo largo de todo el partido, en un lance del juego que hace no mucho el Athletic dominaba a la perfección, tanto en ataque como en defensa, como es el del balón parado. Quizá sea simplificar mucho el asunto, pero me da que la sombra de Llorente es más alargada de lo que pudiera parecer, y no sólo en ataque.

No fue la única sombra que sobrevoló ayer por San Mames. La del descenso ya ronda en algunas cabezas. No en la mía. Espero que en la de los jugadores tampoco.

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