AUN SEGUIMOS PERDIENDO LA FINAL DE BUCAREST. MIKEL AGUILAR


 

Como en la citada película de “Lo Imposible”, la derrota en Bucarest fue un tsunami de proporciones inimaginables.

Pasados unos meses con las banderas rojiblancas a media asta en los balcones, se pensaba que aquel mal sueño había concluido. Pero nada hacía presagiar que quedaba lo más difícil, la reconstrucción.

Aquel equipo, quedó hecho añicos, roto en argumentos y muerto en confianza. El verano no ha sido nada más que replicas de aquel terremoto.

En aquel partido estaba en juego mucho más que la victoria. El Atlético ganó un título, pero el Athletic perdió su oportunidad. Una, que como dijo Bielsa, pasará mucho tiempo hasta que tome revancha.

Allí se puso en juego, un estilo, combinativo, ofensivo y valiente. Se puso en juego una forma de entender el futbol, afectiva, llena de historia y tradición. Se puso en juego una generación de futbolistas jóvenes y con un futuro prometedor. Y se puso en juego el Norte, la dirección de la brújula de una institución que quedaba más reforzada y con más sentido de lo que había estado en su historia.

Y se perdió todo, la confianza en el juego, la fe en los valores rojiblancos, el futuro de una generación aterida de miedo, y el Norte de gobierno de una nave, que va a la deriva.

Nunca un proyecto tan independiente de los resultados quedó tan grabado por el marcador final.

Este año es el año cero, el año posterior a la decepción más grande vivida por una generación de seguidores rojiblancos que bebió el champan llenó de lagrimas.

El futuro pasa por recuperar la normalidad, la de la victoria y la de la derrota, volver a mirar a Lezama, y comenzar a colocar los cimientos de un nuevo equipo con hambre, sin miedo y sin complejos.

Porque el Athletic no es un club grande por el número de títulos en las vitrinas sino por el orgullo que supone el logro de haber obtenido todas y cada una de ellas. El objetivo de este club tiene que ser que el vacío que dejan los títulos perdidos no se llene de desilusión.

Hay algo más grande que ganar a cualquier precio, y es que la victoria obtenida por el camino elegido tenga un valor incalculable. Se puede ganar una final y ser grande un día, incluso un mes, pero se eligió el camino de ser grandes toda una historia .

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