Visita obligada. Eñaut Barandiaran


La de Valladolid es una de las visitas marcadas en rojo en el calendario de cualquier aficionado del Athletic que se precie de serlo, por diferentes motivos: la cercanía, apenas dos horas y media en coche, el estadio, que a pesar, o precisamente, por ser conocido como el campo de la pulmonía tiene muchos asientos vacíos, encantados de recibir a los 1000, 2000, 3000 o incluso 4000 aficionados que se suelen desplazar, y por último la ciudad, habitualmente acogedora con la invasión rojiblanca.

La vuelta del equipo pucelano a Primera División recuperaba la cita, aunque no como las autoridades locales hubieran deseado: colocar el partido un viernes a las 21 30 suponía una importante merma de visitantes foráneos, con la consiguiente reducción en taquilla para la entidad pucelana, y de consumo para la ciudad en general. Pero la Liga Española esta organizada para satisfacer las necesidades de las plataformas televisivas, y si para eso es necesario expulsar a los hinchas de los estadios de fútbol, aunque sea a patadas, símil apropiado tratándose de fútbol, pues se hace.

A pesar de estos condicionantes, los valientes que se animaron a ir tenían ganas de fiesta, y a lo mejor algo de ese espíritu festivo, desinhibido, relajado, de kalimotxo y tentetieso, se contagió al equipo: Decir que salio frió al partido sería mentir, el micro clima de Pucela no permite esos lujos, pudiendo llegar a provocar congelaciones severas si estas quieto más de de diez segundos, pero el hecho cierto es que para el minuto 20 el equipo había encajado dos goles siameses, en los que la defensa reculó demasiado, casi hasta la altura de Gorka, dejando libre casi todas las marcas de la segunda linea, dos regalos que el Valladolid no perdonó. El Athletic volvía a conceder una ventaja importante a su rival, una ventaja que comprometía el discurrir del resto del partido. Pero, al contrario de lo que hubiera sucedido hace no tanto, el once de Bielsa no se descompuso, ni se vino abajo, y si tener un equipo joven conlleva pagar algunos peajes con copago incluido, el reverso de la moneda es que a poco que el grupo se siente bien y se reconoce en el traje, es un martillo pilón, efervescente, veloz, insistente. Las ocasiones dieron para empatar, aunque debieron dar para ganar, la segunda linea, ausente en la faceta goleadora hasta ahora, se sumo a la fiesta, pero aun así, dio la sensación de que el equipo se dejo otros dos puntos en una salida complicada, pero que merecio solventar con mejor resultado.

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