En tiempos de paz. Mikel Aguilar


Con las legañas mirando fijamente el café, y el pelo goteando sobre el cruasán, nos preparábamos para acudir a San Mames, en un horario tan extraño como los acontecimientos que se suceden en él.
Y es que el horario de las doce, más propio de un Zorroza –  Retuerto, ponía a prueba a un Athletic más reconciliado con la fortuna que con el juego.
Quizás las doce, sugieran rabas, paseo por el Pagasarri, o picnic familiar, pero el Athletic se empeña en demostrar que no tiene horarios malos. Un San Mames a rebosar, lleno de niños ataviados de bufandas y camisetas de sus ídolos, animaba con la ilusión de la inocencia.
Había que buscar un sustituto a Ander Herrera y halló hueco en el once Ekiza. No sé si se puede asociar al navarro, a Gorka, a los delanteros rivales, la ausencia de goles en marcador propio.
La primera parte se desarrolló entre aproximaciones que no hacían daño. Sólo Ibai, incisivo en el centro y el golpeo, puso en apuros a la improvisada defensa ché.
Si el primer acto fue esperanzador, el segundo prometía dicha y felicidad a los que se llevaron un bocata y una bota escondida en el abrigo. Sin embargo, Feghouli, se empeñó en hacer una autopista sin peaje por banda derecha. De ahí vino el mayor peligro de un Valencia que se adueñó del balón y de las ideas del Athletic.
Y llegaron los cambios, hubo dos decisivos. El de Soldado y Muniain, y el cambio de clima que devolvió el sol y la luz sobre la hinchada rojiblanca.
En una jugada rocambolesca De Marcos centró, para que tocara Susaeta, tocara un defensa, Llorente se dirigiera hacia el balón, y entre tanto caos, Muniain pusiera el interior de la bota en el interior de la portería. Con ello llegó el Sol, la luz, la fuerza a las gargantas, y el balón a Soldado, que sin portero, se quedó sin portería. Colocó el pie de la única forma que se puede tocar un balón y cambiar el destino de tres puntos, que rozaron el larguero pero se quedaron en casa.
Es posible que el Valencia mereciera más, pero el Athletic lleva un año elaborando una clasificación a base de méritos, y no ha conseguido que por ello le otorguen más puntos, que varios en la ceja.
La ansiada paz está más cerca del viejo San Mamés, al cual le restan ya sólo cinco tardes. Se nos está escapando entre asientos equivalentes y agrupaciones con Barrias, los últimos renglones de la historia del campo que comenzó a escribirla. Dos de esas citas serán Barcelona y Real Madrid.
Estamos a tiempo de acabar mejor, lo que no pudo comenzar peor. De convertir en gol las ocasiones falladas, y detener los balones que torpedearon nuestras redes. Estamos a tiempo de levantar la cabeza, mirar al rival a los ojos, y recordar que somos el Athletic y esto es San Mames.

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