El milagro del Alfonso Perez. Eñaut Barandiaran


Hay visitas que por desagradables que resulten son de obligado cumplimiento cada cierto tiempo, y si a la mayoría esto le pasa con el dentista, el urólogo –no confundir con ufólogo- o el mecánico, al Athletic le venía sucediendo cada  temporada con su visita al Coliseum Alfonso Pérez: Cinco derrotas y cuatro empates suponían losa suficiente como para definir el de ayer como un campo maldito, de nuevo cuño, pero maldito. De maldición cabria hablar, también, en lo referente a la incapacidad de Gorka Iraizoz para parar penaltis, una estadística digna de ser estudiada en todas las facultades de Ufología –esta vez sí-. Por eso, cuando un Gorka renqueante y dolorido –los milagros necesitan su buena dosis de épica, y de ser manco la cosa hubiera ganado mucho- detuvo su primer penalti en lustros, una luz roja de alarma se encendió en el Departamento de Apariciones, Milagros y otro timos del Vaticano, y un especialista salió corriendo hacia la capital del Reino para dar fe de tan extraordinario suceso. Una pena que su jefe no dejara por escrito el truco de los panes y los peces, pues le hubiera permitido estar en disposición de dar un poco de colorido a un campo que en el imaginario colectivo del aficionado al fútbol siempre esta vacío, incluso cuando está lleno, que no era el caso. Llegara el día en el que se criticara lo vacío que esta el campo en días en los que no hay partido, y con razón.

Dos sucesos extraordinarios, por tanto, definieron un partido por lo demás ordinario tirando a burdo, de burdo tirando a malo, y así hasta llegar a la categoría de encuentro que solo se justifica por el resultado, visto desde el prisma rojiblanco. Porque desgraciadamente, ayer también, el Athletic respondió a las expectativas en Getafe, y perpetro – porque lo de este equipo y su visita al sur de Madrid es un crimen-  otro partido infame desde el minuto 1 hasta el 90. Solo la pericia de un portero que va saliendo del purgatorio a base de buenas actuaciones y la falta de puntería azulona permitieron a la muchachada de Valverde conseguir tres puntos con los que nadie, ni siquiera en el Vaticano, contaba. Amén.

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