La gestión del miedo. Eñaut Barandiaran


A Valverde le está quedando desenfocada la foto de este Athletic, aparentemente maquillada por el photoshop de los resultados. O a lo mejor es al contrario,  la foto fija son los números y lo accesorio y secundario el juego. Depende, todo depende, como ya dijo el gran poeta del siglo XXI Pau Dones, de la forma de entender el juego que tenga cada cual (esta es una adaptación libre de su poemario). Cuando el técnico de Viandar de la Vera se marcho del Athletic tras su primera etapa, a todos nos hubiera resultado relativamente sencillo definir su libreto futbolístico. En su retorno, en esta segunda etapa, también está dejando pistas claras de cuáles son sus pretensiones,  pero lo confuso, en este caso, reside en la evolución, o involución, otra vez depende, de su discurso futbolístico, tan matizado y atemperado desde su origen que ni siquiera parece el mismo: Valverde se marcho del Athletic siendo, para muchos, un suicida, y ha vuelto siendo un funcionario.  De la alegría desinhibida y descarada de aquel germen ha brotado un profesional de los banquillos, no adscrito a más confesión que la de la supervivencia.  Del 1-7 ante el Standard de Lieja al 2-0 de ayer. Quizá esta última comparación resulte algo demagógica, lo reconozco. Ni el rival, ni las circunstancias ni la competición son homologables, pero cuesta horrores imaginar al mismo entrenador, a la misma cabeza pensante detrás de una partitura y otra.

 Josu Urrutia anuncio el relevo de Marcelo Bielsa en el banquillo del Athletic prometiendo continuidad en el estilo. En ese sentido, Ernesto Valverde está resultando un fraude hasta ahora. Este Athletic no tiene nada que ver con el de Bielsa, y a medida que pasan las jornadas resulta más evidente. A lo mejor esa era una pretensión imposible, siendo tan único e irrepetible el estilo del argentino. Pero si entre el blanco y el negro hay toda una escala de matices, el equipo de ayer, y no es la primera vez, es casi lo opuesto al de los dos últimos años, y entronca mejor con el Athletic timorato de tiempos pasados, que acude a rendir visita a cualquier campo importante casi pidiendo perdón,  con un manifiesto y exasperante complejo de inferioridad. Y no hablo de resultados, porque los de Bielsa en campo de los grandes también fueron paupérrimos.

Uno de los retos más complicados a los que se enfrenta cualquier entrenador, por humilde que sea el equipo que entrene, es la gestión del miedo. Miedo a no controlar el grupo, miedo a no convencer a padres, aficionados o dirigentes, temor a no cumplir el objetivo, pavor a empatar o perder un partido ganado etc.  Hay entrenadores que tratan de enfrentar ese miedo, de generar un entorno de confianza en el que el miedo sea una variable más del juego, una muesca más en el camino, a la que se debe vencer y casi convencer, y hay otro tipo de entrenadores que actúan como técnicos en prevención de riesgos laborales, minimizando al máximo los riesgos, atando a los jugadores con arnés, sometiéndolos al fin y al cabo a la dictadura del miedo. Entre los primeros podemos encontrar a Guardiola, Paco Jemez o el propio Bielsa, y en el segundo grupo habita la mayoría de los que tiene algo de sentido común y cierto aprecio por el cargo. Valverde se fue siendo de los primeros, y ha vuelto siendo de los segundos.  Una traición comprensible, pero mortalmente aburrida para el aficionado. Valverde, vuelve a la luz.

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