El triángulo de San Mames. Eñaut Barandiaran


De todos los misterios relacionados con el triángulo de las Bermudas, desde anoche hay uno nuevo que añadir a la lista, y es el referido a su localización, que de estar entre las islas Bermudas, Puerto Rico y Miami anoche tuvo su epicentro en la caldera de San Mames. La concatenación de hechos extraordinarios fue tal, durante noventa minutos intensos, desquiciantes, emotivos y sobre todo endiabladamente divertidos, que la desaparición de todo el estadio para aparecer acto seguido en la playa de la Concha apenas hubiera conseguido levantarnos del asiento.

Nada, ni el horario, ni un estadio más desangelado de lo habitual, ni el rival, un Valladolid inmerso en pleno invierno, hacía presagiar una noche tan intensa. Parecía, con el debido respeto, un partido de trámite, cuya importancia residía en conservar bajo cuatro llaves la plaza Champions del acecho del Villareal. El primer indicio de que la noche se iba a escribir con renglones torcidos, en cambio,  la ofrecía el once inicial, con la inclusión de Beñat en él. Llevar al terreno de lo paranormal que el fichaje estrella juegue titular puede sonar exagerado, pero hacía dos meses y medio que su nombre no aparecía entre los elegidos en el videomarcador de un campo de primera y en competición liguera. Visto lo visto, se evidenció que el jugador de Igorre necesitara aún muchos minutos para estar al nivel que le llevó a compartir vestuario y rondos con Xavi, Iniesta, Cesc etc. El problema radica en que mientras él sigue anclado en la pretemporada, sus compañeros van a velocidad de crucero.  El tiempo corre en su contra, pero su indudable calidad exige paciencia. Por lo menos la misma que se ha tenido con Herrera, cada vez más brillante, y sobre todo cada vez más determinante,  y cuya primera parte como vértice central del triángulo formado con Susaeta e Iraola fue simplemente espectacular. A partir de esa sociedad ilimitada en recursos provocó el Athletic un agujero del tamaño de un iceberg en la defensa vallisoletana, pero, y esto si fue más extraño que ver desaparecer aviones en vuelo o barcos a toda vela, el primer acto terminó 0-1, debido a un último pase defectuoso, un portero en estado de gracia y un trío arbitral bajo los efectos de algún psicotrópico.

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Tras el descanso, la segunda parte siguió  por los mismos derroteros, y la furia del Athletic fue in crescendo a cada parada del portero visitante, hasta que directamente activo el modo demolición y se llevo por delante la resistencia vallisoletana y por poco el fondo norte. Mención aparte merecen en esta noche de los prodigios los goles de Ibai -esta vez sí valieron puntos-, la función de abre latas de De Marcos, y los quince minutos de pura vida, como contraste entre lo efímero y lo brutalmente trascendente, de Erik Moran sobre el resbaladizo piso de San Mames.

Durante dos horas, las coordenadas de San Mames estuvieron situadas entre las islas Bermudas, Puerto Rico y Miami,  y como sucede con todos los misterios sin explicación aparente, nos divertimos de lo lindo conjeturando, fabulando e imaginando lo que nos quedaba por ver.

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