Loc@s por la música. Eñaut Barandiaran


Hace ya varios años que los inicios de temporada nos pillan en pleno mes de Agosto, a algunos a medio despegar de la tumbona playera o la silla del chiringuito, a otros haciéndose un Aupa Etxebeste para no reconocer que, pese a las múltiples hipotecas, el pádel, los polos de Ralph Lauren y la traición a su origen humilde, más que clase media, eran simple y llanamente una cuadrilla de gilipollas, y no faltan quienes ni antes se iban, ni ahora se van  ni probablemente en un futuro se vayan, y observan admirados desde las ventanas de sus casas como el verano se convierte en otoño, invierno o primavera cada cinco minutos, mientras de fondo algún bastardo recalcitrante grita, sobre lo que sea, pero grita, en la televisión. A los partidos infumables de domingo a las once de la noche nos vamos acostumbrando a golpe de horario de LFP, pero suelen ser partidos casi intrascendentes, algo parecido a un rito iniciático que anuncia el final del verano y la vuelta a la rutina, partidos de pretemporada con el huevo kínder de los tres puntos dentro.

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A lo que no estábamos acostumbrados, o no por lo menos la afición del Athletic, era a que el equipo se jugara el trabajo de todo un año apenas iniciadas las hostilidades. Desde que el sorteo nos deparo a un equipo italiano, y entrenado por Benítez, todos adivinamos más dificultades de las previstas y esperadas para entrar en el ansiado bombo de esa competición que según su propio himno parece que va a ganar todos los años el Barçaaaaaaa, el Barçaaaaa (es lo que tienen las letras grandilocuentes, muchas veces no se entiende nada), pero lo que no esperábamos era que los propios jugadores rojiblancos nos provocaran más sudores fríos que los Callejón, Higuain, Mertens etc. Pese a tener el partido controlado la mayor parte del tiempo, los nervios iniciales y un ultimo cuarto de hora al borde del naufragio pudieron tirar por la borda el trabajo gris pero efectivo de los leones, y dejar la eliminatoria encarrilada para el Napoles. El carrusel de perdidas y errores infantiles de algunos jugadores, especialmente groseros en el caso de Iturraspe, que tuvo su noche menos lucida desde hace mucho tiempo, nos retrotrajeron a episodios negros como las dos últimas finales de infausto recuerdo, pero mientras allí deserto hasta el apuntador, anoche el Athletic tuvo, por lo menos, cuatro jugadores sobresalientes: Iraizoz, Laporte, De Marcos y Muniain. Eso, sumado a que el Nápoles de finales de Agosto es un equipo de entre guerras, hace que el Athletic cumpliera, por lo menos, con dos objetivos primordiales: marcar fuera de casa, y no perder. Lo de ganar lo dejamos para San Mames, que se ha quedado sin vacaciones para estar listo para el partido que nos debe meter en Champions League. Queremos escuchar El Barçaaaaaaaaaaa, el Barçaaaaaaaa, o lo que sea que diga esa letra imposible. Al fin y al cabo, la letra nos da igual: lo que nos gusta es la música.

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