En el país de las maravillas. Eñaut Barandiaran


El Athletic se metió en la madriguera de la liga de campeones con la promesa de que aquello era el país de las maravillas, el paraíso en la tierra, un lugar al que solo se podía acceder con la pulsera del todo incluido que se habían ganado a pulso la temporada anterior y en la eliminatoria ante el Nápoles. Desde el otro lado de la A-8 hubo vecinos que alertaron, algunos verbalizando sus deseos y otros como simple aviso para navegantes, que no era oro todo lo que relucía, recordando una experiencia que les había traído más disgustos que alegrías. Hablaban de gatos parlanchines, crueles reinas de corazones, espejos alucinógenos y toda suerte de cosas extrañas. No les hicimos caso. Nosotros somos el Athletic, y eso no nos va a pasar, repetíamos una y otra vez, como si el simple hecho de repetirlo sirviera para convertir el deseo en realidad. El grupo, además, era asequible. La única pena, no conocer la identidad del rival de octavos de antemano, para ir cogiendo  hotel y esas cosas.

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Pero hete aquí que, a las primeras de cambio, hemos descubierto que Lewis Carroll no era un alegre escritor de cuentos infantiles, sino un adicto a las setas alucinógenas que daba rienda suelta a sus locuras mediante la escritura. La cara de Valverde tras cada una de las incontables pifias defensivas del equipo nos habla de un tipo al que le ha sentado fatal el pastel de marihuana, y su último cambio sacando a Toquero al campo demuestra que se encontraba ya en pleno descenso a los infiernos. Del resto tampoco se puede decir nada mejor, como mucho se podría hablar del espíritu solidario que demostraron (casi) todos, cometiendo cada cual un error mayor que el perpetrado segundos antes por su compañero, en una concatenación de “susto o muerte” individuales y colectivos inusitado en el conjunto rojiblanco desde hacía mucho tiempo. Un ridículo coral, total, sin paliativos, que entrará en los primeros puestos del top ten de ridículos continentales.

El Athletic se ha convertido en un equipo afásico, como si hubiera sufrido un grave accidente neurológico fruto del cual ha olvidado todo lo que sabía. Hace poco fue noticia el caso de un australiano que, tras nueve días en coma, se despertó hablando un fluido mandarín, cuando su conocimiento previo de dicha lengua se ceñía al menú del chino. Un milagro difícil de explicar por la ciencia. La única explicación plausible podría ser que el accidente sufrido había dañado ciertas esferas del cerebro, y en su recuperación había potenciado otras hasta su máxima expresión. El Athletic ha perdido  movilidad, habla y hasta podría decirse que el alma, pero quien sabe, a lo mejor sus jugadores están aprendiendo idiomas.   

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