Este otoño se lleva el gris. Eñaut Barandiaran


El Athletic ha recuperado su versión más gris, y a falta de la brillante, esa capaz de enamorar a cualquier aficionado al buen fútbol por su velocidad, verticalidad, triangulaciones y capacidad para desarbolar a (casi) cualquier rival, esta le es suficiente para despachar partidos como el de Getafe. La consecución de la cuarta plaza de la temporada pasada no se dio como resultado de las tardes de puerta grande, de las de resaca de buen fútbol en el paladar, que sirven para dar eco mediático y futbolístico a una determinada propuesta, sino de cantidad de partidos en los que el equipo sacó los puntos a paladas, tras hora y media con las rodillas hundidas en la zanja. Triunfos sufridos, basados en el esfuerzo colectivo y el dominio de ciertas situaciones del juego, tales como una presión asfixiante, o la estrategia.

Valverde ha tenido la inteligencia de tunear el invento heredado de Bielsa con una notable sobriedad defensiva, e importantes dosis de pragmatismo, y reforzar todo ello en sus horas más bajas. Mientras el equipo del técnico argentino solo miraba hacia adelante (¡y como se lo agradecimos much@s!), Valverde instaló ABS y retrovisores por todas partes. Tras el desastre de Borisov, y con la necesidad de encerrarse en sí mismo para taponar una herida que corría el riesgo de convertirse en hemorragia y llevarse por delante toda una temporada, el equipo no se ha sentido incomodo en un rol mucho más defensivo y cicatero del que nos tenía acostumbrados, y ello se debe a que son conceptos que tiene perfectamente interiorizados. Un equipo no se puede improvisar de un día para otro, y en la reciente crisis de resultados y juego, el Athletic no ha hecho más que incidir en aquello que consideraba imprescindible, y deshacerse de lo accesorio. Ninguna de las recientes victorias deja más poso, y no es poco, que el resultado, y un puñado de detalles interesantes, algunos con nombre propio, como el de Etxeita o Beñat.

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Se ha recuperado el tono en defensa, tanto en la contención como en la presión, vuelve a funcionar el desatascador de la estrategia, pero sigue faltando la tercera pata del banco, la que se sostiene sobre un balón. Si bien el Athletic confía, como cualquier buen artista que se precie, en aquello de que la inspiración le pille trabajando, a veces cuesta distinguir con nitidez algo más que ruido, polvo y escombro, aunque da la sensación de que  siguen en trabajos de rehabilitación, apuntalando vigas,  pintando paredes, al fin y al cabo, redecorando su vida. Ahora solo falta que redecoren la nuestra con un juego más potable.

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