Nada extraordinario. Eñaut Barandiaran


El Athletic trata de lamerse las heridas de la liga en copa, aunque el partido de vuelta de la anterior eliminatoria ante el Celta ya dejó clara la imposibilidad de afrontar cada competición como si de compartimentos estancos se trataran. El Athletic de la liga y el de la copa no son dos entes distintos e independientes, y la sola ilusión por llegar a la final  y toparse con Felipe VI no sirve para darle la vuelta como un calcetín a un equipo que a 22 de Enero de 2015 sigue haciendo balance de daños para saber si el boquete lo tiene en la bodega, en la sala de maquinas, si pesa más la obediencia debida, o si es el momento de agitar la bandera pirata.

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Sin tiempo para sentarse en el diván y ponerse a hacer terapia, el único paño de lágrimas posible para un equipo inmerso en tres competiciones es jugar, jugar cuando menos te apetece, jugar cuando el balón pesa como una piedra, la cabeza y los pies parecen vecinos mal avenidos, ves pasar gatos negros por todas partes, cada rival se asemeja al Bayern Leverkusen y tú te sientes como la ultima mierda que cagó Pilatos, Manolo Preciado dixit.

Conscientes de que una resurrección en Málaga era poco probable, más bien imposible, el Athletic apostó por alcanzar una tregua en términos honrosos, y lo consiguió. Nada extraordinario, destacable, aunque bien pensado, nada más extraordinario que sobrevivir, en las actuales circunstancias.

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