Cuestión de estilos. Eñaut Barandiaran


Teixeira Vitienes, el mayor de los Dalton,  se despidió de San Mames a lo grande. Pese a la multitud de críticas que está recibiendo de uno y otro bando, es justo reconocerle que con su actuación desatascó un partido que transitaba entre lo brusco y lo aburrido. Tanto Nuno como su presidente estaban indignados a la finalización del mismo, y hablaron de todo tipo de conspiraciones judeo masónicas para perjudicar al Valencia en sus aspiraciones de Liga de campeones. Teniendo en cuenta que el Atlético lleva un tiempo con el cuento de que molestan junto a los dos trasatlánticos, y que el Sevilla también se siente ninguneado por el estamento arbitral, es plausible y hasta probable que los trencillas estén trabajando para que el Córdoba llegue a la Champions League.

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Ironías aparte, Nuno volvió a dejar negro sobre blanco qué, más allá de su valía como entrenador, es un catalogo de excusas andante: Cuando todo le va bien saca su perfil de profesor de coaching o vendedor de crecepelo de tres al cuarto, con un discurso vacío plagado de eslóganes grandilocuentes,  y cuando le vienen mal dadas se retrotrae a su época de portero mediocre para despejar cualquier responsabilidad, haciéndola caer sobre el cabeza de turco  correspondiente. Las palabras del presidente che han sido aplaudidas por gran parte de la prensa deportiva de la capital del Turia “porque conectan con el sentir mayoritario de la afición”, como si la afición no fuera una simple excusa que se utiliza o ningunea a conveniencia. No parece demasiado meritorio ponerse  a la cabeza de la turba enfurecida en la búsqueda del aplauso fácil o la auto justificación permanente. Aún así, resulta conveniente no olvidar que la inquisición es un invento muy español, y viene de lejos. El comportamiento de los clubes con los árbitros es como el de los partidos políticos con la justicia; cuando favorecen a sus intereses respeto máximo, y cuando se sienten perjudicados el respeto máximo incluye un pero que da pie a cualquier exageración o exabrupto. En ese sentido, el Athletic, desde que Josu Urrutia está en la presidencia, representa una excepción ejemplar, y ni en boca de Bielsa o Valverde se ha utilizado jamás a los trencillas como espantapájaros de sus propios fantasmas. A riesgo de no contentar a la masa, por cierto, que más de una vez ha considerado que somos bobos, nos toman el pelo, y que de vez en cuando hay que dar un golpe en la mesa en situaciones similares a la vivida ayer por el Valencia los diez últimos minutos de partido (no convendría olvidar el resto). Cuestión de estilos.

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