Aferrados a un balón.


Cuando Iraizoz recogió el balón de la red tras el 1-0 del Barcelona, guardó el esférico bajo la camiseta, y se aferró a él como si entre las manos escondiera una secreta esperanza, y no un simple balón. En parte así era. Lo sabía Gorka, y lo sabía la melé de jugadores rivales que trataban de quitarle ambas cosas. No hubo manera. Parecía que no quería soltarlo hasta el final del partido. En realidad, era justo lo que estaba pasando. Vista desde fuera, resultaba una escena ridícula, pero nosotros, desde el estadio, el sofá de casa o la barra de Pozas, lo entendimos perfectamente. Imposible no empatizar con el bueno de Gorka, cuando todos hubiéramos hecho exactamente lo mismo: no soltar el maldito balón hasta que acabara todo aquello. Agarrarlo con fuerza hasta que el arbitro pitara el final, 90 minutos, 120 minutos, o 31 años después. Sin balón no se puede jugar. Algo tan sencillo, tan elemental, expresado de la manera más natural. Lo cantaba Tijuana in Blue en el himno canalla que le dedicó al equipo de su pueblo: Uroztarra, tercera división, o pitas penalti o pinchamos el balón, ¡cabrón!

“Tras el gol del Barça hice lo que me dice mi mujer, coge el balón, y hazte bicho bola”. No le amparaba tan sólo ella, sino también el reglamento, porque aunque mucha gente no lo sepa, tras un gol el esférico pertenece a quien lo ha encajado, y por supuesto miles de aficionadas rojiblancos que necesitábamos un respiro. Hasta entonces la cosa había ido bien, el Athletic estaba haciendo un partidazo, y llegar con un gol de desventaja al descanso no era, en realidad, una mala noticia. Aun así, sentimos el pánico inicial de pensar: ya están más cerca, un gol más cerca. Pocos clubes habrán sufrido los rigores del fútbol moderno con tanta crudeza como el rojiblanco, sin haber recibido a cambio ni un gramo de eso que se conoce como justicia poética. Pero esta vez, al contrario de lo sucedido en anteriores finales, todo fue distinto. Para cuando Gorka soltó el balón, todos tuvimos claro que  no. O que sí. O todo lo contrario. A lo mejor no tan claro, pero, a diferencia de las anteriores finales, hubo más miedo fuera que dentro del campo. Por primera vez en 31 años, el equipo estuvo muy por encima de la afición. Y eso siempre es una gran noticia.

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2 comentarios sobre “Aferrados a un balón.

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