Son fascistas


¿Se acuerdan de que puede que se juzgue a tres jóvenes por terrorismo en la Audiencia Nacional tras un altercado nocturno con una pareja de guardias civiles en Altsasu? ¿Recuerdan que la argucia legal utilizada para hacerlo estribaba en que los jóvenes agredieron a estos dos sujetos por su pertenencia a un colectivo concreto, en este caso por ser miembros de las fuerzas de seguridad del estado? Supongo que tampoco olvidaran, sobre todo ellos y sus familias, el revuelo mediático entorno a este caso, la campaña de acoso e intoxicación por parte de los medios de la extrema derecha y el extremo centro, así como la ocupación militar del pueblo al día siguiente, y sobre todo y por encima de cualquier otra consideración, el calvario judicial que esos jóvenes y sus allegado han vivido, y lo que les queda de aquí en adelante.

Pues bien, ayer, a media mañana, un joven fue agredido por un neonazi, y el motivo no es otro que su condición de vasco. Es tan sencillo como ver y escuchar el vídeo. No hacen falta sesudas investigaciones ni contrastar versiones: El propio protagonista de la agresión fascista y sus secuaces lo grabaron entre risas. Apenas un par de horas después, se hizo viral en la redes, junto a una fotografía en la que la mala bestia autora de la agresión realizaba el saludo pertinente a los de su cuerda (si no recuerdan cuál es sólo tienen que buscar imágenes del funeral de Utrera Molina, otro franquista que muere plácidamente en la cama sin haber sido juzgado por uno sólo de sus crímenes, donde, en presencia de un ex ministro del Partido Popular se lanzaron loas y proclamas a favor de Franco o Primo de Rivera, por ejemplo). Como sucede en estos casos, la indignación por lo sucedido se impuso a cualquier otro sentimiento. Indignación que no disminuyó, más bien al contrario, cuando se conoció que la Ertzaintza había identificado, pero no detenido, a los tres tipejos, al no constar denuncia por parte del agredido ni parte de lesiones. Uno se imagina a sí mismo, en pleno 2017 y en Sevilla, agrediendo a alguien por el simple hecho de ser español y gritando proclamas a favor del terrorismo, y el paso por la Audiencia Nacional se antoja inevitable. En este caso, una imputación por “delito por trato degradante por particular” y para casa.

La exquisitez de trato para con el fascismo no es nueva, en cualquier caso.  Fascismo, sí, fascismo. Parafraseando aquella mítica canción de La Hora Chanante, no sólo hijo de puta hay que decirlo más. Porque ocultar de forma sistemática y premeditada el carácter ideológico de estas agresiones no hace sino alimentar una bestia que ha encontrado en la actual coyuntura socioeconómica un caldo de cultivo perfecto. Disfrazar y diluir la ideología ultraderechista de esta gente bajo el paraguas del insulto fácil puede servir como forma de aliviar nuestra enfado, pero convendría no banalizarlo: Puede que el agresor de ayer sea unineuronal, tengo el cerebro arrasado por los anabolizantes, se asemeje más a un chimpancé que a una persona, o le sea aplicable cualquier otro comentario insultante o sarcástico de los que ayer inundaban Facebook o Twitter, pero no es menos cierto que el poco tiempo que les dejan libre las pesas les sale muy caro a diversos colectivos sociales. Al fin y al cabo, aunque el fascista se vista de Zozulya o Tebas, fascista se queda.

La derivada futbolística del asunto es evidente. Se encontraban en Bilbao porque el Betis jugaba en San Mames. Nada más conocerse lo sucedido, simpatizantes, aficionados y hasta el propio club andaluz salieron a condenarlo con el manido “esa gente no representa a la afición del Betis”. Como alertaba el periodista Gontzal Hormaetxea en Twitter, es evidente que esos sujetos no representan a la afición del Betis. No representarían a ninguna afición de ningún equipo en ningún deporte (en la mayoría de los deportes, aunque por desgracia no en el fútbol,  ni siquiera tendrían cabida). Pero eso no quita para que los clubes, en este caso el Betis, tengan su cuota de responsabilidad: la de ampararlos. Tiene prohibida la entrada al campo, se le expulsó de socio, se excusarán, como si se tratara de una manzana podrida dentro de un cesto impoluto, cuando en realidad estamos hablando de bandas organizadas. Cabe recordar que forma parte de un grupo que hace no tanto se convirtió en portada de los diarios por realizar una indisimulada apología de la violencia machista al jalear a Ruben Castro, imputado por cuatro delitos de maltrato. ¿Qué hizo el Betis? Ponerse de perfil.  ¿Y Javier Tebas? Ponerse cara al sol.

Así que recuerden: cafres, garrulos,  borregos, y  lo que quieran. Pero también fascistas. Con todas las letras, y demasiadas veces con más amparo del que una sociedad que se define como democrática debiera tolerar.

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