Que se vea lo que queremos ser.


“Que se vea lo que queremos ser”. Esa fue la premisa con la que el Athletic saltó al Bernabeu, en palabras de Mikel Rico al finalizar el encuentro. Partiendo de la base de que  el momento propicio para visitar al Real Madrid no existe, ya que, o por h, se encuentra en racha y está lanzado, o por b, es un submarino inmerso en cualquiera de las doscientas crisis que vive cada temporada por un par de malos resultados y necesita redimirse, hacerlo sin la mitad de tu once titular no invitaba al optimismo precisamente. Mirar la alineación del Athletic, más aldeana que nunca respecto a la poderosa galaxia florentiniana, con sus mejores piezas en la enfermería o de baja por sanción, producía hasta cierta ternura, tan evidentes asomaban las costuras y el aire de circunstancias.

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Una idea genial. Eñaut Barandiaran


El Athletic compitió los dos primeros minutos de partido en el Bernabéu. Ciento veinte segundos en los que persiguió el balón con más ahínco y tesón que acierto. De lo que sucediera a partir del primer gol de Cristiano poco puedo decir. Haciendo caso a aquel viejo tema de Doctor Deseo apagué el televisor: Esta es una historia gris con final feliz, una genial idea: ¡apagué la televisión! Y la bruja del aburrimiento se me insinuó, un brebaje me ofreció, con su varita me atizó… Aquí la cosa no fue para tanto, se trató de una historia gris, cierto, pero no tuvo, ni había esperanzas de que tuviera, final feliz. Las visitas al Bernabéu se han convertido en cualquier cosa menos un partido de fútbol. La esencia del fútbol reside en la competencia entre dos rivales, y desde hace demasiados años eso no se da, por motivos más que conocidos. Aunque parezca que es el equipo de casa quien comparece con la vestimenta blanca, son los rivales como el Athletic los que aparecen en escena agitando banderas blancas en señal de rendimiento total y absoluto casi antes de que comience el espectáculo.

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Llamando a la puerta. Mikel At


Así llegó el Athletic al Bernabeu, pidiendo permiso, sin ánimo de molestar, pidiendo disculpas por adelantado.
El partido se jugaba en Madrid pero con el horario de Londres, la agenda la marcaban Tottenham y Manchester United. En Madrid estaban pendientes de quien quita y pone el palco para la presentación de Bale y en Bilbao que de treinta a treintaseis millones no va nada, si acaso un par de rondas por el Casco Viejo.
Y en esas hablando de otras cosas, dio comienzo a un partido que se podía haber jugado cualquier otra temporada. Como de un anuncio de cerveza sin alcohol, el Athletic jugó sin confianza, sin ambición y sin coraje. Y no es que el Real Madrid hiciera mucho por cambiar el signo de un soporífero partido pero le bastó una combinación que pilló a Iraola meditando por el punto de penalti rompiendo el fuera de juego y el saque de una falta en el que el Athletic decidió no seguir a ningún jugador, porque seguir jugadores fuera de casa es de muy mala educación.
Valverde intentó con dos cambios cambiar a diez jugadores pero el resultado final fue muy similar al del primer acto, con un guión muy similar a pásamela tú que ya la pierdo yo. Hay quien piensa que la ausencia de Herrera es un signo de su marcha pero hay otra corriente que opina que Valverde tiene tantas o más dudas que cuando llegó.

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Partido para olvidar, meterse en casa con helado de chocolate y esperar al cierre del mercado. Lo mejor que puede pasar es que además de perder los puntos no nos quedemos con una cartera llena que no abriga por las noches ni da puntos. Gracias al fútbol ahora sabemos que de noventa a cien millones de euros no hay mucha diferencia y es una distancia salvable para alcanzar un acuerdo. Poco importa que diez millones sea casi el fichaje más caro de la historia del Athletic.
Hay quince días por delante para pulir el estreno del nuevo San Mames y entretenernos hablando de la filosofía y las clausulas de rescisión. Esperaremos la medianoche del lunes con las manos en la cara, como en una película de terror, sabiendo que el malo está cerca y es muy malo y puede dar un susto.