Son fascistas


¿Se acuerdan de que puede que se juzgue a tres jóvenes por terrorismo en la Audiencia Nacional tras un altercado nocturno con una pareja de guardias civiles en Altsasu? ¿Recuerdan que la argucia legal utilizada para hacerlo estribaba en que los jóvenes agredieron a estos dos sujetos por su pertenencia a un colectivo concreto, en este caso por ser miembros de las fuerzas de seguridad del estado? Supongo que tampoco olvidaran, sobre todo ellos y sus familias, el revuelo mediático entorno a este caso, la campaña de acoso e intoxicación por parte de los medios de la extrema derecha y el extremo centro, así como la ocupación militar del pueblo al día siguiente, y sobre todo y por encima de cualquier otra consideración, el calvario judicial que esos jóvenes y sus allegado han vivido, y lo que les queda de aquí en adelante.

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Cuatro gotas de una sola nube.


No hay tormenta épica que se precie, que no comience con alguien anunciado que “eso es una nube”, o “van a caer cuatro gotas”. Existen versiones apócrifas de la Biblia en las que Noé, estando en la taberna con sus amigos un sábado cualquiera, comenta algo similar mientras ven el partido de segunda B de Etb1. Así como un zahorí es capaz de encontrar agua hasta en los secarrales más recónditos de la tierra, estos meteorólogos vocacionales tienen el don de predecir justo lo contrario a lo que va a suceder, con una certeza casi absoluta. Cuñados meteorológicos. Seguro que ayer en el Benito Villamarin los había a patadas, mezclándose con los cuñados futbolísticos, una combinación explosiva e imparable de obviedades y lugares comunes en modo metralleta. Mientras los primeros observaban el cielo encabritado comentando que “por allí está despejado”, en dirección a un lugar que probablemente solo exista en su imaginación, los segundos tranquilizaban a sus vecinas de asiento: “esto les va a durar un cuarto de hora, no van a aguantar así todo el partido”, “Williams corre mucho pero no hace nada más”, “ya verás en la primera contra que les cojamos”. Las dudas asociadas al Athletic, eran, hasta cierto punto, lógicas, al fin y al cabo su bagaje fuera de casa era más bien escaso, tanto en juego como en sensaciones, pese a que la reciente visita a Belgrado anunciaba riesgo de tormenta para el Betis.

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A sol y sombra. Eñaut Barandiaran


El Athletic jugó en el Benito Villamarin el típico partido a sol y sombra propio de la eterna primavera andaluza, aunque el conjunto verdiblanco no consiga dejar atrás un invierno que le lleva inexorablemente a Segunda División. Dividido el campo en dos segmentos, uno a pleno sol y el otro a la sombra de la tribuna, cada suceso determinante del partido fue orillándose hacia el lado más oscuro, y entre penaltis dudosos, expulsiones merecidas y rigurosas, e imprecisiones varias, tan solo los tres puntos y el gol de Guillermo dieron un pelin de brillo a un encuentro por lo demás plomizo, desagradable e infumable a partes iguales.

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Kike Ziganda o Cuco Sola. Eñaut Barandiaran


En el fútbol profesional la derrota y la victoria son dogma de fe, y apenas admiten otro análisis que no sea el proporcionado por el resultado. Este fenómeno se da sobre todo con los entrenadores, cuyo trabajo se valora o depaupera casi única y exclusivamente en base a los números que cosechan, y si cruzamos la línea de los banquillos para adentrarnos en el verde, quienes con mayor severidad son juzgados en base a acciones determinadas y no al trabajo desarrollado conviven habitualmente en el área, aunque los intereses de unos y otros sean antagónicos, porque unos se dedican a marcar goles y otros a pararlos.

Tras el partido de anoche me pase un rato por la barra de Twitter, y aunque el tono general del populacho futbolero fue más comedido de lo que pensaba, no faltaron quienes calificaron la actuación del reaparecido Kike Sola con bastante mala hostia y cierta dosis de mezquindad, obviando, por ejemplo, algo tan elemental como la lesión que le ha mantenido cinco meses apartado de los terrenos de juego. Cierto que fallo más que una escopeta de feria, las tuvo de todos los colores, con ambas piernas y también de cabeza, y es imposible obviar el hecho de que la principal función del delantero es marcar goles, pero si atendemos al trabajo, y sobre todo, a las opciones que dio a sus compañeros en forma de desmarques de ruptura, su actuación puede calificarse, como poco, de esperanzadora. El rival era un Betis en horas muy bajas, cierto, pero Sola demostró una superioridad respecto a los centrales que no se vio en otras parcelas del campo con jugadores que tan solo han parado para recibir los regalos de Olentzero y jugaban ante el equipo B del colista de la Liga. Una vez recuperado de la lesión, y si consigue ganarse cierta continuidad, el delantero navarro ofrece caminos al gol que hasta ahora parecían calles sin salida.

 

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Hablando de delanteros navarros, ¿que hubiera sido de Ziganda en la era Twitter?

Football is coming home. Eñaut Barandiaran


¿Habemus Athletic? ¿Habrá esta vez sí, fumata blanca? ¿Será el resurgir del equipo que nos maravillo el año pasado, un punto de partida, un kilómetro cero, una pica en Flandes (utilicen el símil que más les plazca), o simplemente otra ilusión óptica,  un espejismo para olvidar  que a estas alturas hay los puntos justos para suturar? Se me ocurren todas estas preguntas, y muchas más, por miedo a afirmar nada, siendo como es tan desconcertante este Athletic, capaz de transformarse en Doctor Jekyll y Mister Hide en la misma jugada, e incluso varias veces, así que más vale no ilusionarse demasiado y andar con tiento.

Cierto que el partido de anoche deja buenas sensaciones, un regusto agradable en el paladar, amargado solo por la manifiesta incapacidad del equipo para marcar goles,  incluso a puerta vacía, pero tampoco conviene olvidar que  la película empezó con el enésimo regalo envuelto en celofán rojiblanco y una tarjeta dedicada por Gorka Iraizoz,  “con todo mi cariño”, penalti y 1-0 en el minuto 1, y que a eso le siguieron veinte minutos en los que los jugadores se enfangaron tanto que estuvo a punto de llegarles el barro al cuello. A partir de ahí, y hasta el descanso, el partido derivo en un corre calles  en el mejor sentido de la palabra, una algarabía de ida y vuelta en el que quedo clara una cosa, y es que ambos equipos se sienten más a gusto al galope que atrincherados esperando acontecimientos. Una buena noticia para el espectador neutral, y una mejor noticia para un Athletic que disfruta del cuerpo a cuerpo, y se enfurruña y  aturulla cuando el rival juega al escondite.

En la segunda parte el Athletic reventó al Betis, en el sentido literal de la palabra, acabo con el corre calles  y le dijo a su rival “señores, ahora solo se juega aquí”, los tres mosqueteros del medio campo, recuperando sus mejores sensaciones, asumieron el mando, y pudo y debió ganar por juego y por ocasiones (también perder, no olvidemos el penalti por manos de Herrera), dejándonos en la retina los mejores 45 minutos de la temporada, si no por acierto o elaboración, si por intensidad, empeño, ambición, y algunos destellos de calidad. Si además de todo esto, este equipo tuviera, obviando al genial Aduriz, colmillos en lugar de dientes de leche, se hubiera traído a Bilbao algo más que la sensación de que, como reza la canción de los Three Lions, “football is coming home”.

Resaca. Eñaut Barandiaran


A lo mejor fueron imaginaciones mías, pero me dio la sensación de que ayer casi todo el mundo estaba de resaca en San Mames: Algunos, muchos, víctimas de Mari Jaia, reconocibles entre la masa por sus caras de maratonianos recién retirados del kalimotxo, la cerveza o el gin tonic, ojos enrojecidos, colutorio de más, voces roncas y niebla espesa en la azotea, y otro grupo igual de numeroso y sin problemas derivados del exceso nocturno, pero con una sensación de malestar quizá mayor, producido porque el Athletic se ha convertido en una fábrica de malas noticias, conflictos y hechos vergonzantes desde que termino la pasada temporada. El último de ellos, la visita a Lezama de los cantores de Viena, nos ha demostrado que, nos guste o no, nosotros también tenemos nuestra cuota de sujetos dispuestos a dar el cante. Apelar a que somos una afición distinta, la mejor del mundo mundial, y a que estas cosas están de más es necesario, pero me ha dado la sensación de que ha habido una sobre actuación en la condena, e incluso cierta falta de humildad, como si la afición del Athletic estuviera compuesta tan solo por santos y beatas, y el club fuera algo etéreo, casi divino, exento de las miserias humanas. La atención que se les ha prestado ha servido, además, para dar pábulo y publicidad innecesaria a un grupo de ilustres de Bilbao que se autodefinen de extrema izquierda pero no dejan pasar la oportunidad de llamarle “maricón” al portero rival cada vez que saca de puerta, por poner tan solo un ejemplo del nivelon y no extenderme más en lo accesorio.
Porque lo importante, aunque durante este verano se nos haya olvidado, pasa en el campo, y lo relevante ayer es que empezaba la liga, aunque las fechas sean más propicias para el baño y la fiesta. De la resaca masiva participó el equipo a su manera, con una derrota difícilmente clasificable, donde el Athletic saco todo su repertorio, desde lo más horroroso, con una primera media hora en la que hubiera sido incapaz de ejecutar el ejercicio de control-pase más sencillo, regalando balones en la salida del balón, generando situaciones de uno contra uno a los centrales, sin ayudas, e incapaz de cortar una sola contra con alguna falta, hasta lo más lucido, con un ejercicio vibrante de semi remontada en la segunda, donde, más allá de alguna ráfaga de buen futbol, lo más positivo fue que el equipo lanzo un mensaje alto y claro a quien lo quiera entender: este Athletic no está muerto. Quizá sí herido, con un boquete en la bodega (no será fácil sustituir a Javi) y a falta de su mejor cañonero (tampoco conviene olvidar que aparte de los dos héroes caídos faltaban Muniain, Amorebieta y Aurtenetxe), pero con algunas de las virtudes que hicieron al equipo grande la temporada pasada intactas.
Una derrotada abultada ante un equipo cuyo objetivo es mantenerse en primera que deja algunas lecturas preocupantes, como la mandíbula de cristal exhibida en las transiciones de ataque a defensa tras pérdida, con autovías de varios carriles para las contras del equipo rival siempre abiertas, o una sala de máquinas aun oxidada (Herrera e Iturraspe fueron sustituidos) y la misma falta de acierto cara a puerta del año pasado, pero también un motivo para la esperanza que disipa cualquier duda: más allá de los nombres, y de las limitaciones, hay equipo. Y entrenador. Y sobre todo afición de la que sentirnos orgullosos. Aunque sin pasarnos, que los excesos de vanidad son los que dejan peor resaca. A los hechos me remito.

BIHARAMUNEKO AJEAK. Athletic-Betis. Eñaut Barandiaran



Varios amigos, indignados del 7J (dia de las ultimas elecciones), me han llamado para preguntarme, maliciosamente, porque no había crónica del partido de anoche. Les he explicado que he estado desde las 9 de la mañana resolviendo un asunto burocrático con el funcionario mas incompetente, a la par que simpático (sin ironía, era un tío cojonudo)  que he conocido a lo largo de mi vida, y que en cuanto terminara de estrangularle me pondría con ello. Obviamente, no me han creído. Tienen la cabeza llena de conspiraciones, y la realidad les estorba.   Sigue leyendo “BIHARAMUNEKO AJEAK. Athletic-Betis. Eñaut Barandiaran”